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miércoles, 7 de junio de 2023

Hambre (Relato inapetente sobre una tercia de platos y un plato más)


«No hay amor más sincero que el amor a la comida» 
George Bernard Shaw

Hace un mes se llevó sus tres platos, aunque en realidad eran cuatro. Entiendo que eran valiosos o algo así. 
Lo cierto es que luego de extraerlos consigo, ocurrió en mí un fenómeno desconcertante.  
El primer plato se llevó mi entremés. El segundo la sopa. El tercero, como es de esperarse, el plato fuerte y el cuarto (ese que no contaba) el postre.
Si los platos tenían algún valor para ella, para mí lo tenían de una manera muy distinta. Parece que simbolizaban, de manera fisiológica, el más puro y genuino acto de convivencia familiar. Ese momento que hace de una casa un hogar. El simple y humano acto de comer.
Con su extracción se fue entonces mi apetito. Se me acabó el hambre. Perdí el interés por nutrirme y dejé de comer.
Ni entremés, ni sopa. Ni plato fuerte o postre.
Se llevó sus tres platos (que en realidad eran cuatro) y al salir por la puerta se llevó también consigo mi apetito por vivir. Se me quitó el hambre de ser feliz.

jueves, 30 de marzo de 2023

Gemela


Nunca subestimes el poder de la obviedad y lo evidente. 
Alétheia

obvio, via
Del lat. obvius.
1. adj. Que se encuentra o pone delante de los ojos.
2. adj. Muy claro o que no tiene dificultad.

evidente
Del lat. evĭdens, -entis.
1. adj. Cierto, claro, patente y sin la menor duda.
2. adv. U. como expresión de asentimiento o confirmación. —Te parece injusto, claro. Evidente.

Era blanca. No negra, tampoco obscura. Blanca. 
Empero la turba disiente. Algunos gritan ¡es pálida! pero no blanca.  Otros se atreven escupiendo maldiciones ¡Es gris claro… gris, pinche puto, parásito, mantenido… sí, tú, pocos huevos, fascista y ciego inmundo! 
Al fondo, los más cautos racionalizan el supuesto ardid con «cientifismos mágicos»: El blanco, lo blanco, no existe, sólo la luz puede arrojar un blanco casi puro. 
Uno de lentes, muy sosegado, remata con solemnidad displicente:  El blanco es un color acromático, de claridad máxima y oscuridad nula. Perceptualmente es luz intensa constituida por todas las longitudes de onda del espectro visible.
Exacto. ¡Es blanca! digo con serenidad y nuevamente se encienden, dan manotazos, gritan y hierven. 
No es un dilema, un concurso o una justa por la razón. 
No había duda. Aquella declaración era blanca. Todos (ella, ellos y yo) lo sabíamos pero la colorida obscuridad «sic» de la ira, la mentira, la soberbia, el engaño y el descaro nubló activamente sus conciencias y en la penumbra, irónicamente, brillaba aún más. 
Acabaron conmigo en segundos. Mi franqueza hecha jirones. Muerta. A su lado ella permanecía inerte. La honestidad es hermana de la valentía. La verdad es blanca y tiene una hermana gemela. 

Tan poco soy (Ironías)


Basta tan solo una mentira para poner en duda todas las verdades.

H. G. Wells. 


En la intimidad del cuarto de baño me miro al espejo. Ahí permanece, despojado y en absoluta soledad, un cepillo de pelo (a pesar de que soy calvo). 

Sí, soy el etíope más ordinario, el más estándar de todos, enjuto y enceño pero (irónicamente) anoréxico. 

Irónicamente no sé si soy «blanco» de burlas o lástima: nací y crecí siendo zurdo pero perdí justo esa mano, en el 2015, durante la guerra. No hay duda, soy manco.  

En la intimidad del cuarto de baño me miro al espejo. El cepillo llora y yo con él. Ahí permanecemos los dos, despojados y en absoluta soledad.

Histriónico. (Relato breve sobre las aptitudes escénicas de mi muerte)




La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. 
Charles Chaplin (1971). 

Expiré frente al telón. Perecí bajo las luces. Morí en un teatro. 

Justo al final de mi interpretación. En la línea más palpitante y sobrecogedora de mi personaje. Un militar in extremis que sucumbe al silencio y que, súbitamente, lo acoge una sordera implacable. 

Me desplomé ahí, en el escenario, ante un público perplejo y extraviado. Un murmullo, gimoteos y apenas un par de gritos de alarma. Después la confusión y el pandemonio. 

De bruces contra la madera, inmóvil y silencioso. Ahora, no sólo sordo, también mudo. Irónica y definitivamente muerto por la lesión artificial. Realmente por un infarto. Una herida fulminante en el corazón que dejó brotar a mi pecho borbotones descarriados. Sangre que, minutos antes, oscilante trasladaba mi alma por el cuerpo. 

Expiré frente al telón. Perecí bajo las luces. Morí en un teatro. Justo al final de mi interpretación. En la línea más palpitante y sobrecogedora de mi personaje. A pesar de mi impactante desempeño histriónico, de mi dramática realidad, no ocurrió la ovación correspondiente. No vítores o palmas. Ni un aplauso. Sólo silencio. No hay duda, mi muerte no sabe actuar. 

Sabiduría y gravedad. (Oda a Newton).

F = Gm1m2/r2
Ley de Gravitación Universal. Sir Isaac Newton. 

La pierna derecha tropieza al borde del escalón y de un tumbo emprendo el vuelo. He perdido la lucha ante los efectos de la gravedad. El equilibrio desaparece y cada miembro de mi ser se sacude y agita. Los brazos y manos intentan asirse al viento, alcanzar un milagro, sostenerse del aire. Mi torso gira burdo y grotesco, mientras la cabeza emprende la trayectoria directa al parqué de la casa. 
La boca abierta. Los ojos desorbitados y un suspiro de pavor. Una mueca ridícula me acompaña en el camino. 
Por fin. Un golpe sordo y violento. Caigo con potencia al suelo. Primero hincado. Las dos rodillas golpean, plenas y contundentes, contra la madera. Sucumbe el resto del cuerpo y me desplomo sin meter las manos. De rodillas continuo y me inclino vertiginoso. Mi cabeza impacta justo en el vértice de la sien derecha. Después obscuridad y silencio. 
Un segundo y vuelvo a mi. Primero confusión. Después el deseo incontrolable de recuperar la vertical, de erguirme y así lo hago. 
Primero guardo la compostura y con dignidad me recompongo. No hay nadie en casa y sin embargo me avergüenzo. Atribulado doy un par de pasos. Un sabor metálico y salado transforma el ambiente. Un grueso hilo de sangre corre, por mi mejilla izquierda, hasta la boca. Lo mismo ocurre con las rodillas. De dos grandes hendiduras brotan borbotones de plasma obscura y espesa. 
«Estoy herido» digo en voz alta y dolorido me acerco lentamente al espejo en el vestíbulo del departamento. «No pasa nada, no pasa nada» repito nervioso, en espera de ver mi reflejo. 
Ahí estoy. Estropeado totalmente. 
La refracción me estremece. Un músculo blanco y sanguinolento deja ver ambas rótulas y la piel desmembrada.  
Aquello no es lo peor, un enorme tajo circular emana sangre incontenible que inunda mi cara. Un pedazo de piel se ha separado y cae hacia el frente. Todo es sangre. Una escena color bermellón. 
«No pasa nada, no pasa nada» repito nervioso. «Pudo ser peor» me digo convencido. Me poso en el suelo. Suspiro. La sangre no para y yo, con sabiduría insisto «No pasa nada, no pasa nada». 
Averiado y roto no siento dolor. Es cierto, no hay duda, pudo ser peor. 
La pierna derecha tropieza al borde del escalón y de un tumbo emprendo el vuelo. Me he caído. Me he destrozado el cuerpo y también el alma pero lo acepto con cordura y prudencia. No corro, no tiemblo. Aprendo. 
Quizá es la sabiduría que sobreviene a los efectos de la gravedad. La gravedad de Newton y de mis heridas. 

En todos sentidos (Crónica de un titán y un gallinero)


Vivía en una jaula entre paja, mierda y malla de acero. Como una bestia. Su tarea era atroz y cruel pero él parecía disfrutarla. Se le veía ahí, en medio de la granja, un bruno sonriendo bajo el rayo del sol. Un titán lleno de vida. 

El corpulento negro, atolondrado y palurdo, tenía el deber de torcerle el cuello a las gallinas enfermas. 

Aquel verano, sin embargo, la fiebre afectó a varios cientos de ellas y el negro, indiferente, no paró durante dos días. Un crack tras otro mientras apretaba los labios. 

Fue justo cuando le faltaba aniquilar a la última docena que cayó al suelo, de bruces sobre la paja, a un lado del abrevadero. 


Los peones lo observaron con desdén mientras el capataz le confirmaba a su madre, la negra Madela, que el negro había muerto. Infectado por la propia fiebre. Madela no emitió ni un sonido tampoco una lágrima. Lentamente se alejó impasible. 


Vivía en una jaula entre paja, mierda y malla de acero. Como una bestia. Su tarea era atroz y cruel pero él parecía disfrutarla. Se le veía ahí, en medio de la granja, un bruno sonriendo bajo el rayo del sol. Un titán antes lleno de vida. Ahora un negro, en todos sentidos, lleno de muerte. 

viernes, 28 de octubre de 2022

Sentencia de muerte. (Esencia).


Mumufuku murió de viruela, aunque todos aseguran que fue un auto Opel (avanzando sobre Shibuya) lo que le quitó la vida. 

En 1946, Tokio no era la bulliciosa ciudad de hoy y la viruela no tenía remedio. 

El auto a gran velocidad fue una anécdota de mala fortuna. El contagio, 4 años antes, le robó la vista en pleno cruce. La viruela era, en esencia, su sentencia de muerte.


martes, 8 de mayo de 2018

55 metros (Recuerdos y pintura acrílica)


La mano derecha empuña la navaja contra la barra de acero.  Con sorprendente destreza graba 2 letras. “RG” puede leerse en una caligrafía nerviosa, casi infantil. 
Los ojos del guardia no se apartan de sus manos. Entre llantos suspira, toma una bocanada y regresa el instrumento a su dueño. 
Minutos después la celda se colmará de gente. Celadores, periodistas, representantes de derechos humanos y un clérigo se apretujan con precisión, evitando tocar al condenado.  

55 metros de procesión silenciosa hasta la puerta del pequeño anfiteatro en el sótano de la prisión. Más adelante el final o el principio, nadie la sabe. Sólo quedará el vestigio de un par de letras grabadas sobre la reja, un testamento que, al igual que él, se borrará de la memoria del mundo 2 días después, cuando una capa pintura aniquile también su recuerdo. 

Venganza (Crónica del Síndrome del nodo enfermo).





Depresión, hipertensión, arritmia, estrés y un último trago de refresco de cola. Un infalible cóctel y después sobreviene la embolia. La cabeza revienta sin aviso alguno. La pierna izquierda se colapsa y de inmediato se viene abajo. El cuerpo inerte yace 8 escalones abajo y ella sonríe satisfecha. Ha caído en la trampa. 

“Las complicaciones de la diabetes son perversas” murmura. Él aún sostiene la botella de Coca-Cola en la mano izquierda. Suspira con alivio, acabó con él. Por fin le ha quitado todo. La chispa de la vida se apaga. Su muerte le sabe bien. No hay duda, la venganza es dulce. 

Asta aquí.




La bandera se ha rasgado. Existo más allá de ti. Estoy, contigo o sin ti.

lunes, 20 de mayo de 2013

Ciega

La fiesta enmudece al cantar el número ganador. – ¡411! – Grita el Director de Recursos Humanos. –¿Alguien tiene el numero 411? – Repite en voz alta.
Ana aprieta el puño y sonríe nerviosa, con la mirada perdida en la gran carpa de lona. ¡Qué ironía! En su mano derecha tiene el boleto elegido para llevarse a casa una flamante pantalla Full HD de 90 pulgadas. Ana no lo sabe, pero hoy se ha llevado el premio mayor y de nada le serviría reclamarlo.

domingo, 12 de mayo de 2013

Hipnotista.

La bebé observa fijamente el pecho izquierdo de su madre. De un solo se abalanza hacia el pezón. La mirada penetrante persiste, mientras succiona con fuerza ¡Listo! La enorme teta está bajó su poder.

 

jueves, 28 de marzo de 2013

CCF

¡Knock, Knock! Y la casa retumba de alegría pero nadie le abre. Impaciente, vuelve a intentarlo una y otra vez. ¡Knock, Knock! ¡Knock, Knock! Camila no sabe que las puertas de nuestro corazón ya están abiertas.

Decisión

¡Hoy no! ¡No tengo ganas! Me choca el viento y me aturden los gritos. Tal vez mañana. Tal vez no.  Ni modo, el paracaídas ya tomó su decisión.




sábado, 2 de marzo de 2013

Globo

Sin dudarlo, la niña de apenas 2 años se escabulle de los brazos de su madre para correr detrás de un globo que zigzaguea por la avenida. Un auto a toda velocidad intenta frenar, parece que es muy tarde. Increíblemente el vehículo gira, se tambalea y de improviso toma otra dirección. La niña levanta el globo ante el asombro de su madre. La pequeña está a salvo. Minutos más tarde, en un hospital cercano arriba el cuerpo maltrecho de un ángel. Tiene un ala rota, los brazos fracturados y una pierna muy lastimada. A pesar de ello sigue vivo y nadie entiende porqué sonríe.

Tarde

Golpea la puerta con furia. Los ojos inyectados, el puño contraído. Está ahí para exigir justicia ¡Quedamos a las doce! Grita con enfado ¡Las doce! Repite, señalando con el dedo en su desvencijado reloj de pulso. Ahí está, esperando a que alguien abra para reclamar su infortunio. Pobre Cenicienta, no sabe que el Relojero Real y el Hada Madrina se han escapado juntos y ella, una vez más, no ha llegado a tiempo.

No me voy

Sigue aquí. Es demasiado testaruda y aunque ya no es parte del grupo, se niega a irse.
Justo cuando estaba a punto de echarla, huye y se esconde. Qué incómoda situación.
A pesar del desprecio y la humillación, a pesar de que nadie la quiere aquí, la obstinada pestaña ha decidido quedarse indefinidamente en el ojo.

viernes, 1 de marzo de 2013

¡Kaboom! - Pólvora mojada

Primero creí que era una broma. Después el entusiasmo y el morbo me invadieron. En mi buzón web un nuevo mensaje. Sobre el título del correo electrónico aparecía solitaria e incendiaria la palabra “Bomba”.
¿Acaso un grupo fundamentalista se atrevía a venderme explosivos a través de la red? ¿Por fin podría hacer volar lo que se me viniera en gana?
Desde niño siempre he querido tener una bomba y esta era mi oportunidad. Basta de cuetones, palomas, buscapiés o cañones. Esta es la hora de mandar a volar la pirotecnia mexicana y tomarlo en serio. ¡Kaboom! resonaba en mi mente.
Como todas las decepciones que surgen del spam, el correo resultó ser un fiasco. Bombas para Agua Ayala ponía a la venta sus mejores productos a través de mi mail detonando, de un solo, mis más puros sueños infantiles. La mecha de mi imaginación se encendió en un instante, pero nunca alcanzó la reacción explosiva. La mentada “bomba” solo resultó ser pura pólvora mojada.

martes, 26 de febrero de 2013

Una noche fría

En un acto tan imprudente como dulce, un indigente cruza la mano por la reja de una casa claramente abandonada e intenta acariciar a un enorme perro guardián. El Pastor Alemán lo observa cauteloso, se acerca y de inmediato baja la cabeza, cierra los ojos y se deja arrullar por las manos percudidas del extraño.
Quién sabe, tal vez ya son conocidos. Quizá los 2 tienen miedo o realmente están locos por encontrarse, como amantes, en la obscuridad.
Yo prefiero pensar que, en una noche fría como esta, simplemente los 2 no quieren estar solos.

miércoles, 20 de febrero de 2013

How to Run a Marathon

Filmado durante mi visita a Orlando, este video cuenta la historia de todo lo que necesitas para correr un maratón. Un mensaje serio para corredores serios.
How To Run A Marathon from Manuel Coronell on Vimeo.