jueves, 24 de enero de 2013

Oídos ciegos

“Un día empecé a escuchar colores en mis sueños”
Neil Harbisson

Prefacio

Hoy conocí a un hombre que sufre Acromatopsia cerebral. Un raro síndrome que le impide percibir los colores. Neil Harbisson (el hombre en cuestión) observa el mundo en blanco y negro. 
A pesar de su padecimiento, Neil desarrolló un ojo electrónico que transforma el espectro de luz en notas musicales ¿El resultado? “Sonocromatismos”, una combinación de sonidos que, según él, le permiten “escuchar” los colores. No conforme, ahora el hombre presume su increíble capacidad de “ver” radiaciones infrarrojas y ultravioletas. El mundo, mientras tanto, observa fascinado y a todo color al sujeto que nunca podrá “escuchar” la emoción que vive intrínseca en los colores. 

Neil Harbisson avanza por la avenida. Frente a él, una rubia de piernas espigadas se ajusta el pequeñísimo vestido rojo y las medias de red. “Do”, “Sol” y “Re” se escuchan por el audífono de su Eyeborg. Neil continúa de frente, como si nada. Pobre tipo, a pesar de su novedosa utopía tecnológica, sus oídos son ciegos.







CYBORG FOUNDATION | Rafel Duran Torrent from Focus Forward Films on Vimeo.

miércoles, 23 de enero de 2013

En el vecindario del abecedario

Las puertas se cierran a su paso.  No suplica ni implora, exige. No pregunta, no perdona. Ni altruista, ni activista. En el vecindario del abecedario, la letra D ríe, mientras recauda impuestos.  




martes, 22 de enero de 2013

Campo de Golf

Entre un mar de sonrisas y abrazos, se mantiene firme y solemne. Todos lo admiran y sin embargo, permanece absorto, mirando melancólico por la ventana. Ahí está, con la vista clavada allá afuera, los ojos perdidos en el bosque, el alma balanceándose al vaivén de las ramas. Cómo le gustaría estar ahí, lejos del bullicio, lejos del dolor que lo desangra poco a poco. Mientras todos celebran, el árbol de Navidad muere, preso en un departamento con una inmejorable vista al campo de gol.

Corre Yeye Corre

Una mañana en Cuernavaca corriendo con mi pequeña sobrina.

Corre Yeye Corre from Manuel Coronell on Vimeo.

La letra C

Una oreja que todo percibe.
Nada se le escapa. 
Desde arriba, la C abraza lo desconocido. 
Cuidado, esta letra todo lo sabe. 



lunes, 24 de diciembre de 2012

Cincinnati


Amy McDonaugh se acerca al final del Maratón de Cincinnati. Corre a toda velocidad y se encuentra a la cabeza, pero ella no lo sabe. Cruza la meta y gana el primer lugar. Amy permanece desconcertada. Levanta la cabeza y pregunta ¿Qué pasó? ¡Ganaste, Ganaste! Le gritan. Amy sonríe y empieza a llorar. Luego de 25 años de ser ciega, Amy le vuelve a ganar a la vida.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Nada

2 sapos, 1 pizca de pelo de mono y 8 lágrimas de serpiente. El caldero hierve mientras la Bruja espera a la luna para emitir el conjuro ¡Ya! Sólo 3 gotas son necesarias. Recita el hechizo y una a una las deja caer en su rostro ¡Puff, Puff, Puff! Se escucha y entonces... ¡Nada! ¡Absolutamente nada! Desconsolada, tendrá que salir a escondidas, encogiendo los hombros, como cada mañana directo al Salón de Belleza.


lunes, 26 de noviembre de 2012

Chema

Don Chema golpea con fuerza el tronco mientras sonríe de satisfacción. El puesto está repleto de gente que admira el sabor de la especialidad de la casa: los tacos de carnitas. Feliz, el robusto hombre pica cebolla, nana, cuero y maciza. 4 de oreja por un lado, 6 de surtida por el otro y 10 campechanos con 2 cocas light aquí mero. Chema se enjuaga el sudor con las manos y sigue preparando alimentos. Después se rasca la ingle, se saca el calzón y, para rematar, se acomoda su sudorosa “hombría” mientras sigue cocinando. Los pedidos no cesan. La audiencia come fascinada. No saben que la sazón de la carne proviene de otro tipo de cerdo y sólo Don Chema “tiene” la receta secreta.Archivo:Taqueria Ciudad de México.JPG

domingo, 11 de noviembre de 2012

Amenaza

El altoparlante resuena alarmante ¡Señorita Nancy Velázquez! ¡Señorita Nancy Velázquez! Esta fue su última “oportunidad” para abordar el vuelo 611 de Aeromar a Lázaro Cárdenas por la puerta 75. Al fondo de la sala, una mujer corre hasta el umbral de la puerta pero ya nada puede hacer. El vuelo se ha ido. Pobre Nancy, la amenaza era cierta y su “oportunidad” se le ha ido volando.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Ha muerto

Es noche de brujas y el auto se queda a media calle. El cofre abierto. No hay humo pero igual no avanza. Afuera, el padre (visiblemente molesto) se asoma al motor, esperando alguna señal que permita resolver el desperfecto. Adentro, el hijo (de sólo 6 años y disfrazado de fantasma) estira la pierna mientras gira la llave cuando su padre le grita ¡Ya! No arranca pero no importa, la escena es perfecta, el auto se ha muerto y ni los vivos ni los difuntos podrán revivirlo, al menos por esta noche.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Paliza

Al despertar siguen ahí, furiosos, observándome con los puños levantados. Una vez más me propinan la acostumbrada paliza matutina, mientras intento sosegar sus arrebatos. Como todos los días, los recuerdos me golpean sin piedad y yo, obstinado y estoico, continuo intentando reconciliarme con ellos.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Tacos

Sin temor, una rana pequeñita salta hasta mi mano derecha. 3 minutos después la ranita se tambalea y muere en la palma de mi mano. No hay duda, esos tacos de pastor me van a hacer mucho daño.


miércoles, 11 de julio de 2012

Entre gritos y sombrerazos.

Sí, estoy a favor de la actual cultura del odio. Todo individuo (y por ende toda cultura) necesitan un momento de catarsis, una purga, un instante de liberación. Que quede claro, la conflagración no puede ser totalmente organizada, mucho menos inteligente o controlada. El odio en las redes sociales, en eventos y campañas es la más pura muestra de nuestra naturaleza animal y pretender luchar contra ella es absurdo. Para que la rueda avance necesita encontrarse con el piso. Ese momento de fricción violenta es el que estamos viviendo. Es francamente ingenuo esperar que una revolución, un cambio, se base únicamente en los hechos y las ideas y no en las descalificaciones, las intrigas y los enredos. La historia nos ha enseñado que no hay nada de honorable, inteligente o espiritual en una movilización verdadera. El intelecto nunca se sobrepone a la fuerza del cambio. Aunque no creo en la violencia, estoy a favor de esta cultura porque es un razgo inequívoco de que México está cambiando, de que dejamos de ser pasivos y amables para participar, actuar y enfrentar, a veces de la única manera disponible, a través del odio verbal ¿Consecuencias? Sí, la sombra de la violencia, del encuentro físico está rondado, pero qué podíamos esperar ante el desencanto de más 100 millones de personas. Prefiero aguardar al encono y la división que atestiguar la perpetuidad de la indiferencia y la insatisfacción. Miro con buenos ojos a aquellos que por fin levantan la voz, que violentos, desorganizados, poco propositivos y torpes se atreven a asumir un rol en el juego del cambio. No alabo sus métodos ni promuevo sus tácticas, pero las comprendo, las tolero y de alguna manera las defiendo. Las revoluciones las crean los intelectuales pero las pelean y ganan las mujeres y hombres comunes. Personas que como tú y yo, un día decidieron dejar de pensarlo, para marchar y odiar, para hacer de la hostilidad la materia primigenia de la transformación. Qué lástima que hayamos llegado a este punto, qué bueno que, arrastrados por la apatía, despertemos con violencia y coraje de la pesadilla. Adelante a quienes podamos contribuir con ideas. Buena fortuna a los que con torpeza se lanzan al ruedo para tomar al toro por los cuernos. La calma llegará a puerto, pero es inevitable que en el camino atestigüemos una gran tormenta. Sí, estoy a favor de la actual cultura del odio. Todo individuo (y por ende toda cultura) necesitan un momento de catarsis, una purga, un instante de liberación. Para que la rueda avance necesita encontrarse con el piso y hoy, México, inicia la marcha, parece que entre gritos y sombrerazos nuestra nación ha emprendido el camino.

sábado, 16 de junio de 2012

martes, 14 de febrero de 2012

Supermercado

Justo en la fila del supermercado puedo verlos. Se abrazan, se tocan. Su amor produce chispas y, queda claro, muy pronto arderá el deseo. Frente a la mirada incendiaria de los compradores, 2 niños “cerillos” se besan.

lunes, 9 de enero de 2012

Entre la Gente.

Mis piernas se caen a pedazos. La respiración se me ha ido. Es el kilómetro 40 y no puedo más. Justo cuando estoy a punto de detenerme la veo entre la gente. Es ella, no hay duda. Se acerca, me sonríe y con amor me toma del brazo. No me suelta, sigue a mi lado. Es ella, no hay duda. Una vez más, como tantas veces lo hizo cuando estaba aquí, mi mamá me lleva hasta la meta.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

PasadoMañana


El antagonismo vive en mi
a dos días de distancia.
No puedo cambiar el pasado,
soy incapaz de detener el futuro.
PasadoMañana todo es para bien
en esta maléfica contradicción del tiempo
No fue pasado porque es mañana
No es mañana porque fue ayer.
En la inquebrantable ironía de esta situación
PasadoMañana serás y yo, seguía aquí.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Detrás

Una mezcla de rabia y amargura la invade. No lo entiende. Simplemente le parece inaudito. Cómo es posible que ella, la preferida en 94 y 95, haya quedado atrás de todas “esas”, tan “falsas” y “artificiales”. Pobre esfera de cristal. 6 cajas con esferas chinas de plástico ocupan las mejores posiciones y este año, para su desgracia, a ella apenas le tocó un lugar, justo detrás del árbol.

sábado, 11 de junio de 2011

En sintonía perfecta


“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.


Olviden las pantallas de plasma o LCD, descarten los receptores planos de alta definición y omitan también los televisores de 999 canales. Mi primera TV fue una muy diferente a las actuales.  Tenía una diminuta perilla de plástico amarillo brillante, ideal para mi manos regordetas. La carcaza era roja, también de plástico y como “las teles de verdad” tenía un acrílico transparente que hacía las veces de pantalla. La bocina y el sintonizador de canales eran aparentes, representados por una calcomanía de papel impresa en colores primarios. Eso sí, mi primera TV poseía una virtud que el futuro tecnológico habría de probar necesaria: a la manera de cualquier teléfono celular 3G, iPod Video o PSP, mi TV era totalmente portátil. Un asa de plástico, también amarillo, permitía transportar el “receptor” a cualquier parte de mi casa, así que como ningún otro adulto de la década de los 70, yo, un mocoso de apenas 5 años, era capaz de ver televisión lo mismo en la cocina del apartamento de mis padres que en el baño de Carlitos, mi amigo y vecino.  No hay duda, mi TV era grandiosa.
La única decepción (o bendición, vaya uste’ a saber) era el contenido que presentaba. La programación de mi TV era un infinito de repeticiones: siempre la misma serie, el mismo score musical y por supuesto los mismos actores. Y es que aquel “aparato infantil”, estaba destinado a la repetición porque su naturaleza “tecnológica” (y por ende su manual de operación) así se lo determinaban. Sólo gire suavemente la perilla de los canales unas 10 veces (¡hasta que haga “clack”, no! reprendía mi madre) y después disfrute del entretenimiento. Evidentemente mi primera TV era una caja de música, provista de un sintonizador (la perilla amarilla) que era en realidad la cuerda que había que dar al mecanismo para que este, al arrancar, permitiera que dos grandes rodillos girasen al compás de las notas musicales. Estos rodillos a su vez transportaban una banda de papel impresa con motivos infantiles que cubría toda la pantalla de acrílico y que daba vida a la programación. Al avanzar, la tele de juguete presentaba dos programas, por supuesto en inglés ¡porque mi TV era importada!:  El primero presentaba a un niño y una niña que felices remaban por el cauce de un río. ¿Su destino? El horizonte incierto, el futuro impredecible, la felicidad anhelada. El tema musical era obvio: “Row, Row,  Row your boat, gently down the stream, merrily, merrily, merilly, life is but a dream”. Quién iba a pensar, a tan tierna edad, que aquella canción de cuna, escrita 90 años antes (en 1881) era un himno británico orientado a representar las vicisitudes y alternativas que presenta la vida, esas que sólo pueden ser conquistadas y superadas llevando el barco en la dirección correcta, a través del trabajo arduo y el esfuerzo constante. Para vivir y ser feliz hay que remar con y contra la corriente, despertar de la ilusión para surcar las afluentes de la vida. ¡Órale! Mi TV era inteligente, una filosofía ambulante de plástico, madera y cartón.
El segundo show era similar, podría decirse que de “turismo”, pues mostraba un gran barco cruzando el puente levadizo del Tower Bridge en Londres. “London Bridge Is falling down, Falling down, Falling down. London Bridge Is falling down, My fair lady” rezaba la melodía mientras el barco se perdía con todo y la torre una vez que el rodillo seguía su marcha para dar vuelta completa y traer de vuelta al pequeño navegante. Lamentablemente como toda TV la programación de mi receptor presentaba profundas imprecisiones pues, para mi desgracia, 20 años después aprendería (durante mi primera y única visita a la capital británica) que el Puente de Londres era y es un desabrido pontón de concreto que sin pena ni gloria cruza el río Támesis, entre City of London y Southwark.
Como era de esperarse la monotonía de la programación, la perturbadora repetición musical y los años terminaron por hacerme olvidar el juguete y poco después la maltratada televisión fue historia. No recuerdo la última transmisión, tampoco sé de su paradero.  A pesar del olvido, de las imperfecciones, más de dos décadas después debo admitir que la extraño. Hoy me doy cuenta que aquella, mi primera TV era perfecta.  Nada de noticieros sensacionalistas, nada de presidentes dictadores o diputados estúpidos, nada de Britneys y Hiltons, nada de Fabiruchis, de los Simpson o de 24, nada de “analistas políticos” ni de Canales Gourmet, nada. En mi primera TV nada de malo y todo de bueno.  Y es que ella, Mi primera TV era ideal: ecológica, porque no usaba pilas o energía eléctrica; pacifista y amable, porque no sabía de violencia ni de sexo desmesurado; reconfortante, porque no contemplaba el futuro con miedo al calentamiento global, a la fiebre aviar o a la clonación de humanos. Mi TV no comprendía ni lo malo ni lo bueno, no juzgaba, no opinaba, ni entorpecía o perturbaba. Su único canal era el de los sueños, un precario pero excepcional mecanismo diseñado para llevarme a dormir, para hacerme soñar con ríos y cielos azules, con barcos y puentes levadizos.
Mi primera TV era así, inocente y sincera, como yo alguna vez lo fui, un receptor de felicidad en sintonía perfecta.

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